Pasa el Pas

 Al paso del Pas 
  por la ría, la marea viene y va.  
 Ha pasado el mediodía y el astro rey dictamina, 
  desde su trono celeste, que el río empiece a bajar  
 para evitar que se coma a la duna que se acuesta junto al mar. 
 La lunaque es la que manda, reclama su jurisdicción y acusa al sol del farol:  
  -Careces de soberanía para imponer esa ley-. El río está alucinando. Ignora la voz de mando, 
 espera a que llegue el ocaso y luego, a la luz de la luna, declara su amor a la duna y se sumerge en la ría. 
                                                                                                                                                                                             

Las labores del dios Cronos

  Labra surcos en sus frentes con su arado  
  y luego los quema en el fuego...  
 Las brasas se van apagando, 
 igual que el sol en el cielo 
 en el ocaso, 
 y al fin la noche se extiende, 
 por los fondos más oscuros de los mares 
 donde el monstruo se alimenta del pasado... 
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Charada de un clero altísimo

Cuando me llegue la muerte
ni un sínodo en el Vaticano,
ni el blanco en el humo de Roma.
En el número que sigue 
al santo de mi persona 
asoma la mala suerte.
Si digo que "el eje te ve"
ha sido mi afán escondido
exhibo desde el retiro
el armario en donde vivo.
Si añado que soy: "Ven e dicto",
¿quién soy y cuál es mi sino?

La despedida

A mi padre le gustaba despedirnos en la calle.
En el tiempo que tardábamos en llegar hasta el garaje,
en llenar el maletero y en ascender por la rampa,
 él bajaba en ascensor hasta el portal 
y seguía caminando hasta la esquina.
Desde allí nos despedía.
-Adiós, abuelito, adiós-
 le gritaban los niños en el coche, 
 y su estampa se quedaba allí pegada 
reduciéndose al tamaño de una hormiga
 a medida que avanzábamos rodando 
 por la recta que conduce a la autovía. 
 Aquel giro de su mano hacia los lados, 
 lo echo en falta cada vez que nos marchamos, 
 cuando el coche emerge al aire por la rampa. 

Lorna

Lorna era una maravilla. Una mujer sensual e inteligente, un fruto maduro y lejano, un recuerdo desgastado de un pasado abandonado en la memoria. Ella era profesora, PNN del departamento de Historia Moderna. Ella se estrenó con nosotros, pero sus clases, preparadas a conciencia, no fueron materia olvidada. Sus encantos resaltaban bajo el velo amarillento del inquieto proyector que servía como apoyo a sus palabras. La armonía de los lentos movimientos de su cuerpo o la dulzura de su rostro producían en mi mente los efectos de la droga. Yo era sólo uno más de entre los jóvenes silenciosos que la escuchaban con los ojos entornados, de entre aquellos que apuntaban en sus hojas sin saber si su vergüenza se notaba, de entre aquellos que esperaban la ocasión para decirle alguna cosa. De entre todos, quizá, yo fui el que la tuvo más a mano, el único, tal vez, que cultivó la promesa que su belleza pregonaba y que intentó cosechar su amor sobre el terreno.
Sucedió varios años más tarde, en el curso de un encuentro fortuito en una discoteca. Para entonces yo ya había terminado la carrera e intentaba escribir una tesina que me hacía un ser visible para ella. Aquella noche empezamos por mostrarnos en el suelto como colegas amables que exhibían sus sonrisas para mostrar simpatía, pero luego el pinchadiscos puso el "If you leave me now" de Chicago y a mí me sucedió algo parecido al efecto que produce la riada cuando rompe las compuertas de una presa. Embrujado por las notas de la música, respondí acercando levemente mis labios a su oreja, mientras mis manos avanzaban por su espalda.
Ella notó el sentido del ataque y se apartó con prudencia:
-¿Vienes mucho?- preguntó.
- No. Estamos celebrando mi cumpleaños.
-¿Cuantos cumples?
-Veintisiete.
-Pues muchas felicidades.
Y seguimos indecisos, refugiados en las notas de Chicago, sin saber si era mejor seguir hablando del trabajo o de los bares o dejar que la música expresase lo que el cuerpo nos estaba demandando.
-Me encanta esta canción- añadí.
En apenas dos minutos cambió el disco y el siguiente fue más bien de los de ritmo sincopado. La magia de Chicago se disolvió en el ambiente y ella acabó por sentarse. Desde el centro de la pista contemplé cómo explicaba algún asunto a sus amigas y se ponía su abrigo para marcharse. Pensé entonces en que podría hacerme el encontradizo y acompañarla, pero no me atreví, no tenía suficiente confianza para ello. Así que determiné que sería ella en adelante la que habría de tomar la iniciativa.
Al fin lo hizo, pero no cómo yo habría querido, pero no cuando la lógica de la naturaleza habría obrado el milagro. Lo hizo treinta años después, una mañana heladora de enero en la que Lorna se acercó a saludarnos ante el escaparate de una pastelería del centro de la ciudad de la meseta en donde ella continuaba dando clases. 
-Hombre, pareja, ¿qué ha sido de vuestra vida? ¿Por dónde vivís ahora?
Me sorprendió el tratamiento, me sorprendió la sincera confianza y el interés por saber lo que el tiempo había hecho de mi vida. De ella yo apenas sabía que había sacado la cátedra y que seguía siendo soltera y atractiva. Era una mujer adulta, una mujer segura y elegante. Una roja y pálida flor en el invierno.

El sexo de patria

En un mundo organizado en estados nacionales, el concepto de "patria", que alude al país en donde se ha nacido y que representa la parte más sentimental de la razón de ser de las naciones, plantea una profunda contradicción con la semántica igualitaria del feminismo. 
Así es, en efecto. A pesar de su género femenino, la palabra es sólidamente masculina, porque proviene de padre y porque responde a una tradición en la que el territorio es esencialmente patrimonio. Intentando hacer a su esencia más fecunda y en la búsqueda de un cierto equilibrio entre los sexos, en la España del siglo XX se sumó a patria la fuerza creadora de "la madre". Surgió entonces "la madre patria", ese concepto tan manoseado por los franquistas que los colectivos feministas nunca llegaron a aprovechar su sentido igualitario, de manera que hoy en día, a pesar de que las mujeres reinan en la calle, la palabra "patria" sigue sola, sin ningún contrapeso femenino. 
La discriminación se agrava cuando se valora la práctica habitual para su adquisición legal. Como sabemos dos son los caminos posibles para ser declarado español: el primero es el nacimiento, que es el único aspecto en el que la mujer, como madre, tiene un mayor protagonismo, aunque siempre es obra común de los dos sexos. El segundo camino es el proceso de nacionalización para los no nacidos, para los inmigrantes. Sus trámites son en general muy masculinos. En España, el proceso comienza con el registro en el "padrón", sigue con el programa PADRE, con el que todos acabamos retratándonos ante Hacienda, y utiliza con frecuencia un servicio militar, cuyo sexo, aunque ya no es exclusivo, sigue siendo en muy alto grado masculino.
Frente a patria, se me ocurre proponer a feministas, nacionalistas, sindicalistas e izquierdistas que hoy emplean el llamado lenguaje igualitario e inclusivo, el uso de un nuevo término, un sustantivo brillante que aluda más bien a las féminas y hable de nuestro origen. Propongo en este sentido, usar la palabra: útero para sustituir por sistema al viejo y machista término, y apunto además al acierto de su augusto derivado, el histerismo, como instrumento conceptual que equivaldría entonces a ese patriotismo cargado de hormonas que tan abundantes ejemplos tiene.

Un consejo de transporte

Para ir al quinto pino viene bien un pinto equino.

Demócratas de andar por casa

Mi amigo escribe un wathsapp en donde se queja del comportamiento insultante de los que lo llaman fascista cada vez que su opinión se enfrenta con la de ellos. Yo le digo que es verdad que eso sucede, pero que tiene que entender que los contrarios se confundan porque saben que entre los que opinan esas cosas existen muchos fachas, muchos estómagos agradecidos del franquismo, muchos mafiosos meapilas del Opus Dei o muchísimos clasistas despreciativos y despreciables. Lo mismo nos pasa a nosotros (me pongo en su mismo lado), cuando les acusamos de utilizar en exclusiva ese esquema dual del mundo que lo divide en ricos y pobres, como si eso fuera lo único que se puede ser sobre la tierra, o cuando les reprochamos que intenten imponer en la calle una fuerza que las urnas no les dan o cuando decimos de ellos que son comunistas extremistas o bien marxistas que aún no entienden que luchar por la dictadura del proletariado, cuando el mundo es de las clases medias y no de los obreros, es una barbaridad tanto en lo democrático como en lo sociológico.
Mi amigo se queda perplejo y piensa que le estoy traicionando:
-Vaya con Pablo Iglesias- me dice.
Y yo le digo que no, que entienda que democracia es pacto, no imposición, porque no hay democracia sin izquierda y sin derecha, y que sin respeto no hay pacto, y él me responde al instante:
-Demócrata de pacotilla.

Centauros del desierto

Vuelve Ethan a su hogar.
Añora su casa lejana.
El desierto queda atrás.
Descabalga su montura
y muestra el botín que ha traído:

La novia va en busca del joven,
y la madre reconoce
a la hija que los indios se llevaron...
Y traspasan el umbral
y todos entran adentro, 
salvo el héroe que en la duda
le da la espalda a la casa
y se sumerge en la luz,
y entonces se cierra la puerta.

Te doy mi vida entera

-Te doy mi vida entera- dijo ella.
Él amante sacó el arma, dirigió el cañón cilíndrico hacia la grieta carnosa en donde confluyen sus piernas, penetró los bajos fondos y disparó su cargamento, gimiendo de placer.

Un mayo de carne y hueso

Hoy me he visto en el espejo al levantarme y he pensado que, en pijama, soy la viva imagen de mi abuelo. Contemplo su foto en el álbum y me vuelvo a sorprender. Qué mirada tan intensa. Esa brillante calva, esos ojos enterrados en las carnosas arrugas, las largas mejillas colgantes de sabueso y la voluminosa papada que se abomba y se repliega para insertarse en el cuello... Él fue un hombre de carácter, un antiguo concejal de Izquierda Republicana que sufrió atentados falangistas en el año treinta y seis, la cárcel durante la guerra y los campos de concentración del sur de Francia, antes de volver a casa, en el cuarenta, arruinado por el régimen de Franco. Sin embargo fue capaz de levantarse y de sacar adelante a su familia a pesar de seguir siendo un apestado, el único superviviente en treinta años de la antigua democracia en su ciudad. Además, le dio tiempo a contemplar desde la tele en blanco y negro la muerte infame del dictador y a votar en las primeras elecciones generales. Murió el día en que se votaba en las municipales y todos sentimos mucho que el proyecto imaginado de visitar el ayuntamiento y entregar al alcalde democrático de la naciente monarquía su digna y cansada carga de legitimidad republicana nunca pudo hacerse efectivo.
Recuerdo que, en los años sesenta, en la época en que yo le visitaba con mis padres los domingos, tuvo una extraña enfermedad. Fue una especie de colmillo que brotó como un blanco volcán en el centro de su viejo paladar. El dolor que padeció fue tan intenso que pensó que aquello era el principio del fin, pero él no era un hombre sin recursos. Buscó ayuda, recorrió la consulta de cien médicos y acabó por extirpárselo y un día nos lo enseñó:
-¿Lo veis? Creía que era un demonio, pero al parecer era tan sólo una herencia algo tardía.
Yo le pregunté por si lo iba a guardar bajo la almohada para ver qué le traía el ratoncito.
-¿El ratoncito?
-Sí, el ratoncito Pérez...
Y, enseñando bajo el labio mis pequeños incisivos, separados cual menhires en el campo de mi encía, añadí:
-El diente que a ti te sobra, a mi me falta.
Le hizo gracia mi ocurrencia y me dijo que algún día aquel mal diente acabaría por ser mío, porque él lo dejaría establecido ante notario.
Ahora lo tengo aquí. El canino palatino de mi abuelo compensaba el incisivo que nunca jamás brotaría en la boca de su nieto. Por eso, ahora que estoy de nuevo ante el espejo y me miro a los ojos fijamente, le recuerdo como era: un anciano alto y derecho, un mayo de carne y hueso. Sus antiguos cromosomas descansan en paz conmigo y conducen en la nave que hoy piloto su mensaje hacia el futuro.

Tiempo al tiempo

El tiempo es un ser voluble que unas veces nos parece perezoso y otras un bruto sin alma, un violento asesino. Es así. Le gusta quedarse dormido y esconderse tras las formas sienciosas de su accion imperturbable, mientras el mundo se aburre y contempla la inquietante permanencia. Otras veces se comporta como un niño irresponsable, decide cambiar de golpe y de pronto nos sorprende por la fuerza que despliega. Normalmente, sin embargo, trabaja con calma y cautela, programa un proceso preciso que pregonan vientos vivos y que las nubes decoran a medida que en el cielo se construyen nuevos impetus. Él obra siempre en presente, aceptando las herencias del pasado y pensando solamente en el futuro. Hay que darle tiempo al tiempo.

El oráculo

El anciano habló con un murmullo. No te entiendo, le dije, estoy un poco sordo... Y el oráculo cesó.

Delincuentes juveniles

Éramos los reyes del barrio e imponíamos la ley en el colegio. Cuando montábamos alguna en los pasillos o en las clases, los profesores miraban hacia otro lado. Los chicos se sometían a nuestras bromas y las chicas no dejaban de dar vueltas a nuestro alrededor como planetas distantes. Una tarde nos juntamos en el gallinero para ver un programa doble y nada más entrar asistimos al desnudo parcial de la protagonista y al comienzo de una violación. En el transcurso del corte que subrayaba la ausencia de la escena caliente, el asunto tuvo algunos comentarios como éstos:
-La metía yo un chorizo hasta la boca... Qué buena estaba la tía...
No sé cómo a la salida del cine tropecé y un esguince en el tobillo me tuvo con dos muletas hasta el final de aquel curso y me impidió seguir tomando parte activa en las correrías de la pandilla. Por eso yo no disfruté de la fiesta que se dieron con el culo de Paulita y ahora no estoy fichado. La gente ha cambiado mucho. Hace un tiempo se tiraban por el suelo con todas nuestras ocurrencias y ahora se quedan mirando, reprobando lo que hicieron y susurrando chismes a mi paso, porque digo que esos tíos que se sientan cada día en el banquillo siguen siendo amigos míos y que yo no soy más listo ni mejor.

Política del amor

Porque el amor carnal es siempre una dictadura, porque el amor filial acepta el absolutismo de los padres y porque el amor paterno suele ser intervencionista, sin amor uno es más libre. Sin embargo, somos padres, somos hijos o buscamos sin cesar unos ojos en los que reconocernos. El amor se nos impone. Amamos porque queremos, entregamos lo mejor, disfrutamos del cariño y la ternura de los otros y aceptamos sin rechistar las placenteras cadenas.

Dos hormigas y N migas

En el mantel de una casa, dos hormigas que venían de dos hormigueros distintos se encontraron cuatro migas y se las repartieron: Dos migas para cada una.
Hablaron un rato largo y se hicieron muy amigas:
-Yo soy de ciencias exactas.
-Pues yo soy de letras puras.
Por la noche se encontraron un mantel mucho más sucio y una dijo:
-N migas hay ahí.
-¿Enemigas? ¿De verdad?
-N migas, N migas...
-¿Enemigas? Éramos viejas amigas. Ya no sigas.
-Lo que digas...
Y se marcharon de allí y avisaron del hallazgo a su hormiguero y olvidaron para siempre su amistad.