Enamorado

Una flor 
en el camino
se ha vestido 
de amarillo 
y me ha mirado
una estrella                  una gota 
     desde el cielo                      de agua limpia
   me ha caído                        en mi cuerpo
   justo al lado                  se ha metido
 y ya casi no respiro
y sonrío como un loco
enamorado
.
 .
   .

Cazador

  Bajo la copa de un pino, veía revolotear las moscas a su alrededor... 
Sabía esperar el momento de lanzar su mano diestra para cazarlas al vuelo.
Las moscas no lo sabían... A pesar de que caían
presas en el movimiento
        "                                           del niño aquel                                                      
                                   cazador,                                  "
seguían girando
y girando,
bajo la copa
de un pino...

Fuegos nocturnos

A mi mujer, Laura, le encanta “Memorias de África”. Como la tenemos grabada y a mi no me desagrada, la vemos con mucha frecuencia. Lo que más le gusta, dice, es esa escena en la que el criado somalí le pregunta a la baronesa por la forma que debería tomar su relación cuando ella se marche a Dinamarca. Ella recurre a la alegoría para contestarle:
-Será como cuando vamos de excursión a la sabana y tú te adelantas al atardecer y buscas un lugar para acampar y enciendes un buen fuego.
Entonces la cámara busca el rostro hierático del criado:
-Tendrá que ser fuego grande -dice-, para que yo te vea... 
Por las noches Laura tiene pesadillas. En sus sueños hay terribles incendios que la agitan y yo, que me despierto con el vuelo de una mosca, busco el fuego solitario en la sabana y lo apago con mi mano y con mi voz.

De una súbita luz

El momento en el que Don Quijote concibió esa pregunta fue el más doloroso de toda su existencia: ¿Cómo no se le había ocurrido? Acababa de leer una extensa narración sobre sí mismo y, sin saber por qué ni cómo, entendió que aquella prosa le arrastraba. Las páginas de aquel libro encerraban todo el sentido de su ser desde el principio. Era absurdo, pero cierto. Pensó que resultaba posible que el autor de aquel engendro no estuviera contando sus hazañas y sí estuviera imaginándoselas. Le dio vueltas y más vueltas y así se convenció de que ninguno de los hechos que se contaban de él estaban documentados de forma segura, de que apenas se sabía nada de su historia que no brotase de las letras que leía. Cuanto más reflexionaba más en duda se ponía su existencia. Así que no pudo por menos que concluir que su esencia era tan sólo un pensamiento, un conjunto ordenado de palabras, el producto elaborado de un ser ajeno a quien le importaba un comino que viviera o que muriera. Estaba claro, él no era nada; tan sólo papel escrito, sonido de tambores, columna de humo en la distancia, artificio de un ingenio literario. Su destino no era morir ni seguir idolatrando a Dulcinea. Realmente, ni siquiera había llegado a conocer a Sancho, pues no era un ser de verdad, un hombre de carne y hueso. El autor inaccesible de la extensa novela nos había engañado a todos. Aquel hidalgo loco, aquel vejestorio enjuto, aquel lector incansable no era más que un personaje imaginario. Don Quijote, en realidad, nunca había existido.

Cementerio

Me estremecen las lápidas de mármol con su rosario de fechas desgastadas por el viento y me aterra la profunda oscuridad de las cavernas, penetrando en las naciones del infierno. Me da grima el gran silencio de los féretros tumbados, descansando como cajas apiladas en las tumbas y las cruces que se clavan sobre ellas como blancos puñales asesinos. No soporto el pensamiento de la lenta transición del cuerpo vivo al cadáver maloliente ni la idea de que vengan los gusanos a comernos. Me torturan las miradas penetrantes de los muertos. 
He pensado mucho en ellos y he pensado especialmente en que no vuelven, pero sé que, aunque me asusten por la noche, pero sé que, aunque no quiera, su destino será el mío y por eso me doy cuenta de que tengo que apoyarlos como pueda, de que no puedo dejar que se apague su presencia y de que tengo que enfrentarme con sus ojos y rendirles el tributo del recuerdo. 
Por lo tanto, me embadurno con los restos que ha dejado aquí el pasado: Siento la suavidad de sus manos, los efímeros roces de sus pieles, la ternura de sus voces o la luz de sus sonrisas, y algunas veces parece que los tengo junto a mí, en la misma habitación, y revivo los efectos que en mi alma provocaron sus relatos... Yo quisiera agradecerles el honor de su presencia y quisiera que supieran que conservo su legado, que lo guardo en letras góticas, que cincelo sus palabras y que bebo de su múltiple experiencia. Aunque sé que su recuerdo no es más que un eco perdido, un efímero susurro que se corrompe a medida que todo cambia a mi lado, me hago cargo del pasado y doy forma a su leyenda. Mi memoria es alto fuego. Rememoro sin descanso y sonrío ante sus hechos, aquellos que sin querer retoco con nuevas metáforas. Conservo en la estantería los papeles y las fotos que me dieron en herencia y repito con respeto sus mensajes como si aún pudiera verlos, como si aún pudiera escucharlos. Revivo lo que pasó, actualizo sus hallazgos y torpezas y cultivo la semilla que dejaron al desgaire en nuestras mentes. Sin embargo, ya lo sé, en su negra oscuridad, los muertos se siguen muriendo. Ellos ya nos dejaron, ellos al fin se han ido. Sus cenizas no contemplan estas flores ni sus huesos compadecen mi dolor. Se fueron irremediablemente. Se fueron sin ser consultados y sin condiciones. Se llevaron sus más íntimos secretos y nos esperan inmóviles en sus cajas de madera. No reposan en sus tumbas hacinadas. No son ellos quienes hablan en los sueños. Nunca obtienen respuesta a sus preguntas. Nadie ve aquí su derrota ni en el cielo habla con ellos. Ya no sienten el amanecer de cada día. Ni siquiera nos envidian. Son tan sólo seres virtuales, son fantasmas que compiten en los largos maratones del olvido, inquietantes ráfagas de viento. Son tan sólo nuestros muertos. Pedazos de silencio.

Escritura natural

                                                        Las olas son líneas de espuma   .                       Son Uves que inclinan su frente     
                                 que escriben el cielo y el mar         .".                   para intentar disfrazarse          .".
                          con letras de color blanco                     "   "            de ceros que saben rodar              "   "
                 en el panel de la playa...............                               sobre la arena mojada................                

Cuando leas...

                                               
                                             
      Cuando leas estas frases,     
        a la luz de la pantalla,       
interpreta con cuidado mis razones 
y permite que en tu mente echen raíces.
             Cuando leas mis palabras,            
              no imagines que te hablo.           
No es mi voz la que resuena en tus oídos
         ni mis ojos los que miran          
el reflejo emocionado en tu pupila.
Ahora estoy lejos de ti,
navegando sobre el légamo olvidado. 
Soy un ente que el pasado fosiliza,
mientras tú me infundes vida 
con el ritmo de tu propio pensamiento.

Revólver

                                                            Re/volver supone irse, dejar el hogar sin fuego, girar y girar en la noria 
                                                      y  retornar al principio. Te busco en el dormitorio y veo que ya te has ido.
                                                    Ella se marchó ayer con la memoria del mundo,,
                                                   ella ya no me espera...,
                                                                                       
                                             Me olvido de lo que fui      
                                            descanso en el cinturón  
                                             el revólver violento   
                                           y elijo un trayecto gris 
                                         para evitar el encuentro.                                             

Lo bueno, si breve...

                             c rT                    rT                       rT                        rT            
                   .  .  .   o  o               .  .  .    o  o               .  .  .   o   o                .  .  .   o   o  

Entre el clavel y la rosa

Entre el clavel de papel
del que brotaron los GAL
y la rosa a la que vota
Vargas LLosa,
elijo
la
rosa
vivaz.
Escojo
el
abrojo
en 
la
piel,
exijo
la
rosa
10.

Gen nova

Se escucha un rumor 
en Génova 
que se repìte en Ferraz:

Se dice que existen cuentas
corrientes para pagar
en el bar cenas y copas
cuyas fuentes son tan negras
como el carbón o el Prestige.
Sabiendo que no hay jabón
capaz de comerse al olor,
el presidente ha pedido 
un sillón que le de asiento
en la academia mayor
del sector de la limpieza,
esa que dicen que limpia
y que también da esplendor.

Espera ser elegido
el próximo mes de abril.
Mientras el pleno, por fin,
acepta su candidatura,
al circular por Madrid,
 conviene que la nariz 
se tapen con un buen clip

En la frontera

 Con miedo  y con ilusión,                    después de sufrir lo indecible,                 llegó al continente gris      
                             la joven de la patera...                               Desnutrida y agotada,                 la ingresaron en la U.V.I.   del hospital de la Paz.              Justo en la puerta de enfrente,               un joven de clase media           
               maldecía el sinsentido de su vida...                       Mientras él lloraba a mares               ella sacaba brillo             a su alma de superviviente.                Un miércoles de diciembre,                        la trasladaron a planta.                                                   Con entusiasmo inmutable,                     a quien pasaba a su lado                le decía en castellano:         "Ya estoy aquí, ya he llegado..."                 y luego su rostro chato,              obedeciendo al impulso                                                            de los minúsculos músculos            del extremo de sus labios,               prendía la noche cerrada                                                                                con el fulgor                                 de la gloria...

Lo que pensó escuchando a los Beatles

Como un virus morboso, a lo largo de aquella plomiza tarde de abril, mientras el compacto de los Beatles volvía a sonar en su cuarto, el color gris de sus sienes se había colado de rondón en su alma de padre de familia. Una extraña sensación de soledad y un íntimo abatimiento le invadieron. A sus cuarenta y muchos años miraba hacia atrás con aire reflexivo, indagando en las raíces de su identidad:
"¡Cuánto tiempo! ¡Qué corto se me ha hecho el camino! ¡Cuántas preguntas sin respuesta!"
El pequeño espejo del fondo del salón confirmaba que había dejado de ser el joven en quien hasta ayer se reconocía. Su rostro, salvadas las distancias, le había recordado la imagen de su padre. Sólo le faltaba el bigote, ¡cómo se parecían! Además, los dolores de espalda que le martirizaban o esa muela del juicio que le acababan de extraer ¿no eran sígnos de decadencia?
Mientras tanto, los altavoces desgranaban las notas de "¡Qué noche la de aquel día!".
¡Qué decepción cuando descubrí que la letra de esa canción no hablaba de una noche mágica, sino del hogar como refugio tras un día de perros! ¡Qué ignorancia! ¡Eran tantas las cosas que no sabíamos entonces! ¡Eran tantas las cosas que confundíamos! Suponíamos que el bien era sólo nuestro y que el mal era patrimonio exclusivo de los contrarios, porque éramos un país intolerante de vencedores y vencidos, y en la guerra no se aprende tolerancia. Después, los hijos del franquismo, los que nacimos y crecimos a su sombra, continuamos el equívoco de nuestros mayores, aquel que confundía ser de derechas con ser apolítico y ser de izquierdas con ser antifranquista. En realidad, ser de izquierdas o de derechas en aquella España era sobre todo una especie de tradición familiar, un camino compartido con los tuyos sin posibilidad de retorno". 
El mundo en el que había sido educado era un mundo hueco de película de vaqueros, un mundo falso de buenos y malos. También era un mundo triste, coloreado de azul autoritario, y con una clarísima frontera frente al rojo. Él había cruzado esa frontera y lo había hecho como se hacían entonces esas cosas, de la misma forma en que uno crece y se hace mayor, sin pensárselo dos veces. Ahora, sin embargo, dudaba: ¿Se encontraba todavía al otro lado? Tal vez no.
"Mi vida no ha sido fácil, pero tampoco ha sido dura. Su resumen es semejante al de otros muchos: Que estudié en un colegio de pago y luego en la facultad, que más tarde saqué oposiciones y conseguí plaza en un Instituto, y que después me casé y que he tenido dos hijos... Una vida tan vulgar como la de mis amigos. Camino trillado que sigue una estela trazada por manos ajenas, sin ningún mérito ni relevancia. En realidad, todo parecía estar previsto de antemano. Somos un producto histórico, la consecuencia necesaria de esa irrepetible combinación de acontecimientos que nos ha tocado vivir, el efecto indirecto de los intereses ajenos que influyeron en el poder político para provocar los determinantes sucesos que había presenciado desde el papel de periódico o desde la pantalla del televisor. Sí, seres anónimos, meros receptores de estímulos, configurados por decisiones ajenas; entes dependientes, condicionados por relaciones heredadas y por una educación adquirida más por la ilusión y el enconado esfuerzo de nuestros padres que por propia voluntad”
Sonó el Sometihing entonces, inundando la habitación de nostalgia.
“¡Qué tiempos aquellos de guateque y discoteca, cuando sonaban el "Something" del místico Harrison o el larguísimo "Hey Jude". Éramos unos ingenuos. No sabíamos nada. Ni siquiera que Jude era Julián Lennon, el hijo del ídolo. Creíamos que era una canción de amor y nos dejábamos acariciar por sus notas... Sí, han pasado los años. El joven que creyó en la posibilidad de cambiar el mundo a base de recetas que volvían del revés las normas cabales de sus antepasados es ahora un hombre maduro y como tal se preocupa de sacar adelante la casa y de evitar a la prole sufrimientos innecesarios. Así las cosas vuelven a estar como estaban. Todo fluye, como decía Heráclito, y todo permanece, como decía Parménides. Los padres se comportan como padres y los hijos como hijos, aunque la tierra no haya dejado de girar, llenando de niños las cunas y de muertos los cementerios, de fábricas los campos y de petróleo los mares. Hemos visto llegar al hombre a la luna, disparar a Tejero en el congreso y morir a Kennedy por televisión... Hemos crecido y nos hemos llenado de canas y de cansancio..." 
Comenzaba ahora a oírse el "Revolution" del que abominaban los de la joven guardia roja. Quizá por eso, su mente recaló en el Mayo del 68 y en Dani el Rojo:
"Deberíamos estar orgullosos porque verdaderamente hemos contribuido a cambiarlo todo. Nosotros echamos a la calle a los fachas de bigotillo y traje con corbata. Nosotros justificamos las relaciones prematrimoniales, defendimos a los homosexuales, favorecimos la incorporación de la mujer al trabajo, sufrimos la pesadilla de los ejercicios espirituales y la inquisición de la represión. Nosotros abrimos las puertas a la libertad".
Después recuerda con orgullo las carreras delante de los grises y se muere de ganas de contar a sus hijos lo que fue el Mayo del 68, el Concilio Vaticano II, la guerra del Vietnam y el ambiente que se respiraba en España cuando murió Franco. Sin embargo, se contiene porque entiende que no ha llegado el momento:
“ No, todavía no... Nuestros hijos no son todavía suficiente maduros, aún no están preparados para entender nuestras historias. Si se lo contásemos ahora sucedería lo mismo que cuando sonaron en nuestros oídos los tristes ecos de la guerra civil y de la posguerra. Aquellas insufribles hazañas del abuelo. No, es mejor esperar. Darles el tiempo necesario para que crezcan y quieran saber la verdad. Esperar a que pregunten... Mientras tanto será mejor dejarles enredando con la Play o con el móvil."
Siente, entonces, la nostalgia de sus años mozos y se pregunta por qué esperó a casarse para descubrir el sexo, por qué ha bautizado a sus hijos y paga cada mes la mensualidad de un colegio privado "progresista", por qué tiene un espléndido coche de importación y veranea cada año en Torrevieja, por qué vive como un burgués de nuevo cuño después de haber votado mil huelgas, después de haber escondido el Mundo Obrero en un cajón de su escritorio, después de haber estado dos veces en comisaría, después de haber brindado con champán cuando Carrero voló por los aires, después de haber sido siempre fiel al voto de izquierdas. ¿Qué fue de quien colgaba un póster del Ché sobre su cama o de quien pensó muy seriamente en marcharse un verano a Nicaragua? 
"Sí, es verdad, con las canas y esta panza de burgués se fueron los ardientes ideales. El tiempo ha remansado el abrupto arroyo juvenil, tal y como me advirtieron que sucedería. Fuimos rebeldes con causa. Siempre hay razones para ser rebelde, pero las razones pesaron menos que la rebeldía. Había demasiadas razones para cambiar, demasiado olor a muerto putrefacto. Todo era demasiado claro: el bien y el mal separados por una frontera de color púrpura, los jóvenes limpios y los viejos corruptos, la izquierda revolucionaria con sus himnos de igualdad y solidaridad y la derecha cavernaria y dictatorial. La evidencia era tal que nadie se detenía a plantearse sus propias contradicciones. Se aplicaba el esquemático análisis marxista y ya no había nada más que hablar... Algunos hicieron sacrificios por la causa, otros nos dejamos llevar por la corriente, pero en la mayor parte de los casos la rebeldía se agotó en sí misma... Ahora tan sólo me queda un sentimiento romántico cargado de nostalgia, pero también de culpabilidad. Fuimos capaces de hacer ondear nuestra bandera y de hacer creíble el cambio y así conquistamos el poder. Después hemos intentado administrar la fuerza adquirida para permanecer y en la lucha hemos corrompido los ideales en los que nos reconocimos y los principios que nos llevaron al triunfo. La historia no será clemente con nosotros. Nosotros los limpios, los jóvenes, los idealistas fuimos falsos revolucionarios. Nos engañamos entonces y nos seguimos engañando ahora, cuando pensamos como izquierdistas y actuamos como burgueses. Nuestros contrarios, los fachas, al menos decían lo que pensaban y hacían lo que decían. Eran unos bárbaros, pero no engañaban a nadie. Nosotros, por el contrario, los demócratas, los civilizados, los razonables, o bien nos hemos lucrado o bien hemos mirado hacia otro lado. No hemos querido ver las consecuencias de nuestra ingenuidad y hemos consentido que nuestro régimen fuera tan corrupto como lo exigía la avaricia de los mangantes que gobernaron con nuestros votos. Nosotros fuimos también responsables del terrorismo etarra, les apoyamos porque estaban en nuestro bando y celebramos juntos la muerte de Carrero y la de Franco. Nosotros los falsos demócratas que confundimos derecha y fascismo y apoyamos la guerra sucia de los GAL. Nosotros los feministas, pero sólo para fregar los platos los fines de semana. Nosotros los socialistas que llevamos los hijos a colegios de pago y tenemos acciones en el banco. Nosotros los igualitarios, que miramos por encima del hombro a los gitanos y a los moros. Nosotros los orgullosos triunfadores, incapaces de la más mínima autocrítica. La mentira es nuestro mayor delito... Nadie debería perdonar nuestra inmensa hipocresía..."
Con un inglés macarrónico, aprendido en crepusculares academias, traduce a trancas y barrancas el "Nowhere Man": "no tiene ningún punto de vista, no sabe a dónde va, ¿no es un poco como tú y como yo?

La llave

   El deseo de besar   
 los labios de  --------  la cerradura, 
     penetrar           ---  --    el laberinto,  
   deslizarse    --------  hasta el final 
 del preciso mecanismo 
y abrir la puerta 
 cerrada, 
movían su pensamiento.
                                  
Recordaba la pasión,
la grasa que lubricaba
los dientes de metal fino
y el sonido de placer
de las bisagras
para después lamentarse
de su presente sin brillo:
                                  
De su llavero exiliada,
ociosa en el basurero
en donde vivió su retiro,
tan lejana del umbral
de la puerta que a diario
seducía,
envuelta en papel albal, 
nostálgica pero reflexiva,
pronto entendió 
el contenido
       de su íntimo porvenir:
                                    
          "Volver resulta imposible"
               "Ya nunca serás feliz"
             "La puerta que ayer se cerró 
              ya nadie la podrá abrir..."

El cigarro

  El cigarro se consume 
       inclinado hacia delante      
             y calienta el cenicero.           
           El humo juega en el aire         
           al juego de disfrazarse            
         de hilo de ingrávida lana...        
        Contemplo la gris serpiente       
         que asciende y desaparece,       
             cuando le toca la luz,               
              y el residuo perezoso             
        que impregna también de gris     
              la plaza que fue brillante.            
         Luego siento que se ahoga,        
        sin que nadie se dé cuenta,        
           y lo llevo hasta mis labios         
                 para quemarme en su fuego.               
            Escucho cómo crepita           
       e interpreto lo que piensa.        
                        Le comprendo:                        
        "La vida pasa deprisa".        
   Sobre el cristal de su tumba   
 se adormece para siempre 
         la ceniza...      

El final de la imposible eternidad


     
Lento,
como la espera,
sometido al mundo curvo de su cárcel sin esquinas,
exhibía los latidos que su estrecho vientre plano fabricaba 
con la fibra inoxidable del metal.
 ====================== 
Murmuraba su mecánico sonido,
como un pulso regular inexorable
  y seguía su camino, paso a paso,  
bajo el cielo transparente del cristal.
 ========================== 
   Luego un día la varilla se detiene   
y se seca el manantial de los segundos,
     y ese giro tantas veces repetido      
se convierte en un recuerdo malherido
   a los pies de una gran raya vertical.  
  ======================================  
El silencio es una negra foto fija,
la parálisis final del ser viviente,
un callado signo mudo, inescrutable,
que en el fondo de la esfera nacarada,
guiña el ojo a la imposible eternidad.
oooooooooooooooooooooooooo

Morirse y después la muerte

Se moría y morirá se parecen en la "O", ese círculo que gira en los bordes de todo corazón... Esa "O" quiere decir que en el verbo morir aún hay vida. Esa "O" no es aún un cero. Para llegar al cero rotundo de la muerte hace falta traspasar la frontera de esa "U" que en el presente toma el lugar de la "O".
Una "U" es una letra oscura. Cuando una funesta "U" embadurna tu sujeto de su virtud angustiosa, se produce un residuo insufrible, se sumerge su run-run inhumano en tus gruesos músculos y cuaja en tu cuerpo una huella aún humeante que pugna por surgir en un hueco del último puente. Con la subterránea "U" surge del suelo una aureola del profundo mundo plutónico. Después, un cuervo susurra un cuento muy cruento. ¿Su título? "Suena tu muerte". Escucha:

Sucedió después de la inauguración del curso de literatura surrealista. Un lunes, te sumes en un inusual sueño nocturno: La muerte se juega tu suerte al mus y triunfa. Luego te busca y te busca, y te encuentra en una curva sinuosa.
Recuperas la luz en tu pupila y recuerdas la inoportuna conclusión de tu sueño. Si pudieras huirías asustado y sudoroso, huirías ridículo y minúsculo, pero no puedes aún. Te introduces en tu ducha. Consultas tu temperatura: Sube y sube. ¿Sufres una pulmonía? Seguramente. Acusas un virus brutal. Te duelen tus pulmones, te muele cualquier esfuerzo. El virus cultiva tu cuerpo con dureza y abusa de su fuerza. Tú procuras curarte. Tumbado en tu cuarto y sudando cuanto puedes, supones, incauto, que te recuperarás, aunque nunca triunfará tu salud, aunque nunca superarás el entuerto... Después te sumerges en octubre. Comunicas al común de tus alumnos tu sufrimiento. Te asustas. Usas mucho un ¡uh! muy tuyo, unido a un ¡uf! circunstancial. Te duele, luchas, y te encuentras hundido, sin recursos. Tus alumnos conducen un jueves tu cuerpo exhausto en un autobús ruidoso y raudo hasta la unidad de urgencias de la ciudad.
En lo profundo del vehículo público anuncian noctámbulos clubs. "Drácula chupa aún", cuenta un anuncio antiguo, rotulado en Courier. Una túnica púrpura cruza un puente de fuel sobre una oscura laguna justo cuando tú circulas por la autovía. La túnica se insinúa en la encrucijada. Su púrpura se vuelve azul por la luna. Huele a pútrida basura. Un crujido en una puerta y la túnica se introduce en el bus. Aunque su rictus fúnebre se oculta y sus huesos de mujer se disimulan, asustan sus huecas cuencas. Murmura su fuero cruento, su nunca de muda crudeza. Tu escudriñas sus atributos y, aunque su sucia substancia te disgusta, sucumbes a su ruda seducción. Te consumes en sus curvas sinuosas y funestas, te sumerges en su jubileo sepulcral y sufres un ictus. En consecuencia, tu futuro se embadurna de la "U" y se trunca.
-Aguarda, no puedo huir, me muero.
-Aguanta, abuelo, aguanta- susurran al unísono e inutimente los alumnos a nueve leguas de urgencias.
En la UCI tu figura no se mueve. Un cirujano acude y comunica tu defunción:
-Ha muerto...
El último lunes de octubre fue tu funeral, tu duelo ritualizado. Se produjo un contubernio: Los usureros consultaron tus cuentas, tus seguros, buscaron tus documentos y calcularon tus deudas. Sumaron y multiplicaron y concluyeron que fuiste absolutamente humilde. En los segundos subsiguientes, tus alumnos elucubraron sutilezas. "Fue muy justo y fue muy bueno", murmuraron, "el abuelo triunfará en el futuro: La universidad reproducirá sus cursos de literatura y publicará sus cuentos. Sus títulos truculentos e incluso su buen humor resurgirán unos lustros después. Reconstruirán sus recuerdos y resumirán sus propuestas. Saludarán su mundo virtual, nuevo y culto; saludarán su mundo lúdico y lúbrico. Sus cuentos impúdicos inundarán su mundo..."
Lo último: Un monumento a tu muerte. Remueven un suelo oscuro. Hundido tu laureado ataud en el profundo hueco, con tu cuerpo difunto tumbado y tu espíritu difuminado, ulula la cruz que culmina la punta de tu mausoleo.

Insomnio

                                                  Noche oscura...                           
                                                                                     La memoria se confiesa...                                        

 Las cejas guadan silencio...                                                                    
             Como un martilllo pilón,                                     Un pesado techo plano...  
            los párpados sobre mis ojos...                    Una lámpara sin luz sobre la cama... 
Ha llegado ya el momento                             Un pensamiento furtivo
            de saber lo que pasó...                                 en el centro de la vieja
                                                                                         habitación...