Entre el clavel y la rosa

Entre el clavel de papel
del que brotaron los GAL
y la rosa a la que vota
Vargas LLosa,
elijo
la
rosa
vivaz.
Escojo
el
abrojo
en 
la
piel,
exijo
la
rosa
10.

Gen nova

Se escucha un rumor 
en Génova 
que se repìte en Ferraz:

Se dice que existen cuentas
corrientes para pagar
en el bar cenas y copas
cuyas fuentes son tan negras
como el carbón o el Prestige.
Sabiendo que no hay jabón
capaz de comerse al olor,
el presidente ha pedido 
un sillón que le de asiento
en la academia mayor
del sector de la limpieza,
esa que dicen que limpia
y que también da esplendor.

Espera ser elegido
el próximo mes de abril.
Mientras el pleno, por fin,
acepta su candidatura,
al circular por Madrid,
 conviene que la nariz 
se tapen con un buen clip

En la frontera

 Con miedo  y con ilusión,                    después de sufrir lo indecible,                 llegó al continente gris      
                             la joven de la patera...                               Desnutrida y agotada,                 la ingresaron en la U.V.I.   del hospital de la Paz.              Justo en la puerta de enfrente,               un joven de clase media           
               maldecía el sinsentido de su vida...                       Mientras él lloraba a mares               ella sacaba brillo             a su alma de superviviente.                Un miércoles de diciembre,                        la trasladaron a planta.                                                   Con entusiasmo inmutable,                     a quien pasaba a su lado                le decía en castellano:         "Ya estoy aquí, ya he llegado..."                 y luego su rostro chato,              obedeciendo al impulso                                                            de los minúsculos músculos            del extremo de sus labios,               prendía la noche cerrada                                                                                con el fulgor                                 de la gloria...

Lo que pensó escuchando a los Beatles

Como un virus morboso, a lo largo de aquella plomiza tarde de abril, mientras el compacto de los Beatles volvía a sonar en su cuarto, el color gris de sus sienes se había colado de rondón en su alma de padre de familia. Una extraña sensación de soledad y un íntimo abatimiento le invadieron. A sus cuarenta y muchos años miraba hacia atrás con aire reflexivo, indagando en las raíces de su identidad:
"¡Cuánto tiempo! ¡Qué corto se me ha hecho el camino! ¡Cuántas preguntas sin respuesta!"
El pequeño espejo del fondo del salón confirmaba que había dejado de ser el joven en quien hasta ayer se reconocía. Su rostro, salvadas las distancias, le había recordado la imagen de su padre. Sólo le faltaba el bigote, ¡cómo se parecían! Además, los dolores de espalda que le martirizaban o esa muela del juicio que le acababan de extraer ¿no eran sígnos de decadencia?
Mientras tanto, los altavoces desgranaban las notas de "¡Qué noche la de aquel día!".
“¡Qué decepción cuando descubrí que la letra de esa canción no hablaba de una noche mágica, sino del hogar como refugio tras un día de perros! ¡Qué ignorancia! ¡Eran tantas las cosas que no sabíamos entonces! ¡Eran tantas las cosas que confundíamos! Suponíamos que el bien era sólo nuestro y que el mal era patrimonio exclusivo de los contrarios, porque éramos un país intolerante de vencedores y vencidos, y en la guerra no se aprende tolerancia. Después, los hijos del franquismo, los que nacimos y crecimos a su sombra, continuamos el equívoco de nuestros mayores, aquel que confundía ser de derechas con ser apolítico y ser de izquierdas con ser antifranquista. En realidad, ser de izquierdas o de derechas en aquella España era sobre todo una especie de tradición familiar, un camino compartido con los tuyos sin posibilidad de retorno". 
El mundo en el que había sido educado era un mundo hueco de película de vaqueros, un mundo falso de buenos y malos. También era un mundo triste, coloreado de azul autoritario, y con una clarísima frontera frente al rojo. Él había cruzado esa frontera y lo había hecho como se hacían entonces esas cosas, de la misma forma en que uno crece y se hace mayor, sin pensárselo dos veces. Ahora, sin embargo, dudaba: ¿Se encontraba todavía al otro lado? Tal vez no.
"Mi vida no ha sido fácil, pero tampoco ha sido dura. Su resumen es semejante al de otros muchos: Que estudié en un colegio de pago y luego en la facultad, que más tarde saqué oposiciones y conseguí plaza en un Instituto, y que después me casé y que he tenido dos hijos... Una vida tan vulgar como la de mis amigos. Camino trillado que sigue una estela trazada por manos ajenas, sin ningún mérito ni relevancia. En realidad, todo parecía estar previsto de antemano. Somos un producto histórico, la consecuencia necesaria de esa irrepetible combinación de acontecimientos que nos ha tocado vivir, el efecto indirecto de los intereses ajenos que influyeron en el poder político para provocar los determinantes sucesos que había presenciado desde el papel de periódico o desde la pantalla del televisor. Sí, seres anónimos, meros receptores de estímulos, configurados por decisiones ajenas; entes dependientes, condicionados por relaciones heredadas y por una educación adquirida más por la ilusión y el enconado esfuerzo de nuestros padres que por propia voluntad”
Sonó el Sometihing entonces, inundando la habitación de nostalgia.
“¡Qué tiempos aquellos de guateque y discoteca, cuando sonaban el "Something" del místico Harrison o el larguísimo "Hey Jude". Éramos unos ingenuos. No sabíamos nada. Ni siquiera que Jude era Julián Lennon, el hijo del ídolo. Creíamos que era una canción de amor y nos dejábamos acariciar por sus notas... Sí, han pasado los años. El joven que creyó en la posibilidad de cambiar el mundo a base de recetas que volvían del revés las normas cabales de sus antepasados es ahora un hombre maduro y como tal se preocupa de sacar adelante la casa y de evitar a la prole sufrimientos innecesarios. Así las cosas vuelven a estar como estaban. Todo fluye, como decía Heráclito, y todo permanece, como decía Parménides. Los padres se comportan como padres y los hijos como hijos, aunque la tierra no haya dejado de girar, llenando de niños las cunas y de muertos los cementerios, de fábricas los campos y de petróleo los mares. Hemos visto llegar al hombre a la luna, disparar a Tejero en el congreso y morir a Kennedy por televisión... Hemos crecido y nos hemos llenado de canas y de cansancio..." 
Comenzaba ahora a oírse el "Revolution" del que abominaban los de la joven guardia roja. Quizá por eso, su mente recaló en el Mayo del 68 y en Dani el Rojo:
"Deberíamos estar orgullosos porque verdaderamente hemos contribuido a cambiarlo todo. Nosotros echamos a la calle a los fachas de bigotillo y traje con corbata. Nosotros justificamos las relaciones prematrimoniales, defendimos a los homosexuales, favorecimos la incorporación de la mujer al trabajo, sufrimos la pesadilla de los ejercicios espirituales y la inquisición de la represión. Nosotros abrimos las puertas a la libertad".
Después recuerda con orgullo las carreras delante de los grises y se muere de ganas de contar a sus hijos lo que fue el Mayo del 68, el Concilio Vaticano II, la guerra del Vietnam y el ambiente que se respiraba en España cuando murió Franco. Sin embargo, se contiene porque entiende que no ha llegado el momento:
“ No, todavía no... Nuestros hijos no son todavía suficiente maduros, aún no están preparados para entender nuestras historias. Si se lo contásemos ahora sucedería lo mismo que cuando sonaron en nuestros oídos los tristes ecos de la guerra civil y de la posguerra. Aquellas insufribles hazañas del abuelo. No, es mejor esperar. Darles el tiempo necesario para que crezcan y quieran saber la verdad. Esperar a que pregunten... Mientras tanto será mejor dejarles enredando con la Play o con el móvil."
Siente, entonces, la nostalgia de sus años mozos y se pregunta por qué esperó a casarse para descubrir el sexo, por qué ha bautizado a sus hijos y paga cada mes la mensualidad de un colegio privado "progresista", por qué tiene un espléndido coche de importación y veranea cada año en Torrevieja, por qué vive como un burgués de nuevo cuño después de haber votado mil huelgas, después de haber escondido el Mundo Obrero en un cajón de su escritorio, después de haber estado dos veces en comisaría, después de haber brindado con champán cuando Carrero voló por los aires, después de haber sido siempre fiel al voto de izquierdas. ¿Qué fue de quien colgaba un póster del Ché sobre su cama o de quien pensó muy seriamente en marcharse un verano a Nicaragua? 
"Sí, es verdad, con las canas y esta panza de burgués se fueron los ardientes ideales. El tiempo ha remansado el abrupto arroyo juvenil, tal y como me advirtieron que sucedería. Fuimos rebeldes con causa. Siempre hay razones para ser rebelde, pero las razones pesaron menos que la rebeldía. Había demasiadas razones para cambiar, demasiado olor a muerto putrefacto. Todo era demasiado claro: el bien y el mal separados por una frontera de color púrpura, los jóvenes limpios y los viejos corruptos, la izquierda revolucionaria con sus himnos de igualdad y solidaridad y la derecha cavernaria y dictatorial. La evidencia era tal que nadie se detenía a plantearse sus propias contradicciones. Se aplicaba el esquemático análisis marxista y ya no había nada más que hablar... Algunos hicieron sacrificios por la causa, otros nos dejamos llevar por la corriente, pero en la mayor parte de los casos la rebeldía se agotó en sí misma... Ahora tan sólo me queda un sentimiento romántico cargado de nostalgia, pero también de culpabilidad. Fuimos capaces de hacer ondear nuestra bandera y de hacer creíble el cambio y así conquistamos el poder. Después hemos intentado administrar la fuerza adquirida para permanecer y en la lucha hemos corrompido los ideales en los que nos reconocimos y los principios que nos llevaron al triunfo. La historia no será clemente con nosotros. Nosotros los limpios, los jóvenes, los idealistas fuimos falsos revolucionarios. Nos engañamos entonces y nos seguimos engañando ahora, cuando pensamos como izquierdistas y actuamos como burgueses. Nuestros contrarios, los fachas, al menos decían lo que pensaban y hacían lo que decían. Eran unos bárbaros, pero no engañaban a nadie. Nosotros, por el contrario, los demócratas, los civilizados, los razonables, o bien nos hemos lucrado o bien hemos mirado hacia otro lado. No hemos querido ver las consecuencias de nuestra ingenuidad y hemos consentido que nuestro régimen fuera tan corrupto como lo exigía la avaricia de los mangantes que gobernaron con nuestros votos. Nosotros fuimos también responsables del terrorismo etarra, les apoyamos porque estaban en nuestro bando y celebramos juntos la muerte de Carrero y la de Franco. Nosotros los falsos demócratas que confundimos derecha y fascismo y apoyamos la guerra sucia de los GAL. Nosotros los feministas, pero sólo para fregar los platos los fines de semana. Nosotros los socialistas que llevamos los hijos a colegios de pago y tenemos acciones en el banco. Nosotros los igualitarios, que miramos por encima del hombro a los gitanos y a los moros. Nosotros los orgullosos triunfadores, incapaces de la más mínima autocrítica. La mentira es nuestro mayor delito... Nadie debería perdonar nuestra inmensa hipocresía..."
Con un inglés macarrónico, aprendido en crepusculares academias, traduce a trancas y barrancas el "Nowhere Man": "no tiene ningún punto de vista, no sabe a dónde va, ¿no es un poco como tú y como yo?

La llave

   El deseo de besar   
 los labios de  --------  la cerradura, 
     penetrar           ---  --    el laberinto,  
   deslizarse    --------  hasta el final 
 del preciso mecanismo 
y abrir la puerta 
 cerrada, 
movían su pensamiento.
                                  
Recordaba la pasión,
la grasa que lubricaba
los dientes de metal fino
y el sonido de placer
de las bisagras
para después lamentarse
de su presente sin brillo:
                                  
De su llavero exiliada,
ociosa en el basurero
en donde vivió su retiro,
tan lejana del umbral
de la puerta que a diario
seducía,
envuelta en papel albal, 
nostálgica pero reflexiva,
pronto entendió 
el contenido
       de su íntimo porvenir:
                                    
          "Volver resulta imposible"
               "Ya nunca serás feliz"
             "La puerta que ayer se cerró 
              ya nadie la podrá abrir..."

El cigarro

  El cigarro se consume 
       inclinado hacia delante      
             y calienta el cenicero.           
           El humo juega en el aire         
           al juego de disfrazarse            
         de hilo de ingrávida lana...        
        Contemplo la gris serpiente       
         que asciende y desaparece,       
             cuando le toca la luz,               
              y el residuo perezoso             
        que impregna también de gris     
              la plaza que fue brillante.            
         Luego siento que se ahoga,        
        sin que nadie se dé cuenta,        
           y lo llevo hasta mis labios         
                 para quemarme en su fuego.               
            Escucho cómo crepita           
       e interpreto lo que piensa.        
                        Le comprendo:                        
        "La vida pasa deprisa".        
   Sobre el cristal de su tumba   
 se adormece para siempre 
         la ceniza...      

El final de la imposible eternidad


     
Lento,
como la espera,
sometido al mundo curvo de su cárcel sin esquinas,
exhibía los latidos que su estrecho vientre plano fabricaba 
con la fibra inoxidable del metal.
 ====================== 
Murmuraba su mecánico sonido,
como un pulso regular inexorable
  y seguía su camino, paso a paso,  
bajo el cielo transparente del cristal.
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   Luego un día la varilla se detiene   
y se seca el manantial de los segundos,
     y ese giro tantas veces repetido      
se convierte en un recuerdo malherido
   a los pies de una gran raya vertical.  
  ======================================  
El silencio es una negra foto fija,
la parálisis final del ser viviente,
un callado signo mudo, inescrutable,
que en el fondo de la esfera nacarada,
guiña el ojo a la imposible eternidad.
oooooooooooooooooooooooooo

Morirse y después la muerte

Se moría y morirá se parecen en la "O", ese círculo que gira en los bordes de todo corazón... Esa "O" quiere decir que en el verbo morir aún hay vida. Esa "O" no es aún un cero. Para llegar al cero rotundo de la muerte hace falta traspasar la frontera de esa "U" que en el presente toma el lugar de la "O".
Una "U" es una letra oscura. Cuando una funesta "U" embadurna tu sujeto de su virtud angustiosa, se produce un residuo insufrible, se sumerge su run-run inhumano en tus gruesos músculos y cuaja en tu cuerpo una huella aún humeante que pugna por surgir en un hueco del último puente. Con la subterránea "U" surge del suelo una aureola del profundo mundo plutónico. Después, un cuervo susurra un cuento muy cruento. ¿Su título? "Suena tu muerte". Escucha:

Sucedió después de la inauguración del curso de literatura surrealista. Un lunes, te sumes en un inusual sueño nocturno: La muerte se juega tu suerte al mus y triunfa. Luego te busca y te busca, y te encuentra en una curva sinuosa.
Recuperas la luz en tu pupila y recuerdas la inoportuna conclusión de tu sueño. Si pudieras huirías asustado y sudoroso, huirías ridículo y minúsculo, pero no puedes aún. Te introduces en tu ducha. Consultas tu temperatura: Sube y sube. ¿Sufres una pulmonía? Seguramente. Acusas un virus brutal. Te duelen tus pulmones, te muele cualquier esfuerzo. El virus cultiva tu cuerpo con dureza y abusa de su fuerza. Tú procuras curarte. Tumbado en tu cuarto y sudando cuanto puedes, supones, incauto, que te recuperarás, aunque nunca triunfará tu salud, aunque nunca superarás el entuerto... Después te sumerges en octubre. Comunicas al común de tus alumnos tu sufrimiento. Te asustas. Usas mucho un ¡uh! muy tuyo, unido a un ¡uf! circunstancial. Te duele, luchas, y te encuentras hundido, sin recursos. Tus alumnos conducen un jueves tu cuerpo exhausto en un autobús ruidoso y raudo hasta la unidad de urgencias de la ciudad.
En lo profundo del vehículo público anuncian noctámbulos clubs. "Drácula chupa aún", cuenta un anuncio antiguo, rotulado en Courier. Una túnica púrpura cruza un puente de fuel sobre una oscura laguna justo cuando tú circulas por la autovía. La túnica se insinúa en la encrucijada. Su púrpura se vuelve azul por la luna. Huele a pútrida basura. Un crujido en una puerta y la túnica se introduce en el bus. Aunque su rictus fúnebre se oculta y sus huesos de mujer se disimulan, asustan sus huecas cuencas. Murmura su fuero cruento, su nunca de muda crudeza. Tu escudriñas sus atributos y, aunque su sucia substancia te disgusta, sucumbes a su ruda seducción. Te consumes en sus curvas sinuosas y funestas, te sumerges en su jubileo sepulcral y sufres un ictus. En consecuencia, tu futuro se embadurna de la "U" y se trunca.
-Aguarda, no puedo huir, me muero.
-Aguanta, abuelo, aguanta- susurran al unísono e inutimente los alumnos a nueve leguas de urgencias.
En la UCI tu figura no se mueve. Un cirujano acude y comunica tu defunción:
-Ha muerto...
El último lunes de octubre fue tu funeral, tu duelo ritualizado. Se produjo un contubernio: Los usureros consultaron tus cuentas, tus seguros, buscaron tus documentos y calcularon tus deudas. Sumaron y multiplicaron y concluyeron que fuiste absolutamente humilde. En los segundos subsiguientes, tus alumnos elucubraron sutilezas. "Fue muy justo y fue muy bueno", murmuraron, "el abuelo triunfará en el futuro: La universidad reproducirá sus cursos de literatura y publicará sus cuentos. Sus títulos truculentos e incluso su buen humor resurgirán unos lustros después. Reconstruirán sus recuerdos y resumirán sus propuestas. Saludarán su mundo virtual, nuevo y culto; saludarán su mundo lúdico y lúbrico. Sus cuentos impúdicos inundarán su mundo..."
Lo último: Un monumento a tu muerte. Remueven un suelo oscuro. Hundido tu laureado ataud en el profundo hueco, con tu cuerpo difunto tumbado y tu espíritu difuminado, ulula la cruz que culmina la punta de tu mausoleo.

Insomnio

                                                  Noche oscura...                           
                                                                                     La memoria se confiesa...                                        

 Las cejas guadan silencio...                                                                    
             Como un martilllo pilón,                                     Un pesado techo plano...  
            los párpados sobre mis ojos...                    Una lámpara sin luz sobre la cama... 
Ha llegado ya el momento                             Un pensamiento furtivo
            de saber lo que pasó...                                 en el centro de la vieja
                                                                                         habitación...

Sanitario

A las puerta de los baños de la posada de Taxco, dos hombres esperan su turno. Animados por la misma urgencia mingitoria, ambos se miran. Son adultos que se acercan con peligro a los sesenta, cuando el órgano masculino empieza a sentir los típicos afanes del deterioro de la próstata. Delante está el más alto, que es también el más directo, el más afable:
-¿Sabe usted cuál es el santo más frecuentado en Méjico?- dice.
-No...
-Pues éste, el San Itario.
-Está bien- dice el más bajo, sonriendo apenas, después de un ja-ja de compromiso. 
-Amigo, ¿de dónde viene?
-¿No se me nota? De España.
-¿De tan lejos?
-Sí que lo está, sí... Doce horas de avión, más cuatro de aeropuerto.
El más alto se queda un rato pensando y luego se arranca así:
-Oiga amigo, perdone que le platique algo más. Entiendo que no es algo para hablar sin confianza, pero permítame que le formule esta pregunta: ¿Qué le parece a usted lo que hicieron aquí sus antepasados? 
El español se sintió patrióticamente maltratado. De nuevo la leyenda negra... Pensó en que podría contrarrestar la propaganda resaltando los aspectos positivos, como el de la prohibición expresa de la esclavitud de los indios por las leyes de Indias de Isabel la Católica o la de la fuerza crítica de personajes tan bien intencionados y poderosos como el Padre Bartolomé de las Casas ... Sin embargo, en aquel contexto, decidió emplear otro argumento:
-¿Mis antepasados? Serán los suyos, amigo... Cortés y los conquistadores vinieron solos, sin mujeres. Aquí dejaron sus hijos, su sangre y sus huesos. Ustedes no son sólo indios, son mestizos. A ustedes también les toca la sangre de los conquistadores. Hablamos el mismo idioma. Somos de la misma pasta, deberían saberlo...
Dos jóvenes salieron del baño, de modo que los dos adultos entraron juntos y, casi al mismo tiempo, buscaron su lugar frente al urinario, bajaron sus cremalleras y empezaron a desalojar la vejiga. En un punto del proceso ambos rostros se buscaron y se encontraron de nuevo. El más alto, señalando hacia el chorro que salía de su miembro, repitió con cierta sorna:
-Somos de la misma pasta, sí. De la mismita pasta. No cabe la menor duda...
El español, aprovechando el sentimiento de complicidad que parecía estar brotando entre ellos, le siguió el juego:
-Si no cabe la menor, la que cabe es la mayor, ¿no es eso?
-Ambas caben, chamaquito- respondió.
Mientras las cremalleras volvían a ocultar bajo el pantalón los órganos de la entrepierna, los dos hombres se volvieron hacia los lavabos con sus labios dibujando una sonrisa ahora abierta y confiada. El agua fresca fluía desde las cañerías hacia las cuatro manos y luego se deslizaba hacia abajo, asumiendo el sentido de giro de las agujas del reloj antes de colarse por el sumidero. El español habló hacia el lugar sobre el que aparecía la imagen del mejicano en el gran espejo corrido que intentaba duplicar la sensación de espacio del angosto baño:
-¿Te hace una copita, hermano? Yo te invito a la primera.
-Tendrán que ser dos.

Ay/uno


AYUNO

¡Cómo como!
Soy un uno...
Si antes fui un uno fino
ahora soy un gordo uno.
Así que ay-uno y ay-uno,
y bebo SOLARES a morro.
Tratando de reducir
del triple al doble mi tripa,
la llamo primero bi-Pa
y luego la nombro Pa
al quedarse en la mitad.
Pero yo no paro aquí.
Procurando adelgazar
mi silueta un poco más,
me propongo limitar
la ingesta de grasas e hidratos
y condenar a los dulces
a la pena capital.
Con el tiempo los pescados,
sudando sobre la plancha,
ocultan su encanto especial,
las purgas de aceite y sal
le quitan toda su gracia
al verde de las ensaladas,
en sueños se me aparecen
las rojas carnes guisadas,
las fabes y los garbanzos
y siento un hambre bestial
que no se calma con nada.
Después de la arcada vil,
que en la región palatal
provocan mis dedos blancos,
a veces mancho el mantel
con un pastoso residuo
de fruta o sopa de ayer.
Y acudo mil veces mil
al baño grande de casa
y miro el gráfico gris
que en un panel representa
la masa que el peso marca.
Suspiro y pienso: ¡Ay de mi!
Si sigo por este camino
¡qué pronto llegará el fin!
Pseudónimo: Adel Gazo

Ay/uno (continuación)

AYUNO
  
 No comía.
Cada vez
pesaba menos
y más alto parecía.
Mis tripas estaban vacías.
                                         
Al ver la radiografía
que reflejaba el espejo,
sentía que desfallecía
y luego que el “des” perdía.
                                                     
Cual príncipe de Dinamarca,
hablaba en voz alta del ser
y de su opuesto el no ser,
mirando a una gran patata.
                                           
Un día, al amanecer,
rodando sobre sí mismo,
un rosco cero en Courier
se quiso poner junto a mi
para intentar hacer diez.
                                                   
Silbando en el des/ay/uno
resopla la triste pavana
 para un Infante difunto:
                                                 
 -¡Ay Uno, qué a punto estás
de ser un-no, sólo un-no,
 del mismo tipo que yo!-
                                                   
Así que he vuelto a comer.
Espero que cojas la copla.


Pseudónimo: Adel Gazo