Te espero, amor

Y tú estabas allí, lejana como el horizonte, mientras que yo me mostraba huidizo, incapaz de asumir las consecuencias del terremoto y encerrado en la pantalla de este armatoste plateado. Me dolía más tu silencio que las múltiples mentiras que afloraban a medida que me contabas la verdadera historia de tu vida. Esperé tu llegada en un avión supersónico, imaginé una llamada que me dijera que estaba totalmente equivocado. El cielo se llenó de bandadas de pájaros sin rumbo y al final cayó el ocaso y empezó esta larga noche. 
-Te sigo esperando, amor. Créeme, te espero.

La palabra

    La pala abra lapa... Lapa labra....            
                                                                       Pala, lapa, ala
                                                                        La palabra.  

Un sueño de muerte

En aquella pesadilla, una mujer harapienta con rostro de calavera se le acercaba. El soñador era un hombre que intuía de algún modo un gran peligro y que, a pesar de que intentaba levantarse a toda prisa para poder escapar, estaba paralizado por el terror. Aprovechando el momento, la mujer armó su brazo para accionar su guadaña y cortar el cuello al hombre. Lo hizo con precisión. Después se introdujo en una cueva y se inclinó sobre el cabo de una vela temblorosa que apagó de un golpe seco. Mientras tanto, el descabezado recorría el sendero inclinado que conduce hasta el barco de la noche... 
Por miedo a ver a la muerte, el hombre dejó que sus párpados siguieran cerrando sus ojos y así pasó varias días, fingiendo que seguía dormido. Le inquietaba el gran silencio que reinaba a su alrededor y el hambre que iba creciendo. Al tercer día ya no pudo más: "Que sea lo que Dios quiera", dijo, e intentó ponerse en marcha. Su mente pensó en levantarse y mil órdenes precisas brotaron en su cabeza pero sus músculos ya eran rocas y sus huesos pesos muertos en el ámbito infinito de aquel sueño del que nunca llegaría a despertarse.