Los imanes

A las puertas
de un palacio blanco y frío,
están haciendo guardia los imanes.
Si mi nieta lanza el brazo y su manita
toca el gorro de la bella Nefertiti
o dispone sobre el puente de Rialto
la gran masa de la esfinge de Gizé,
yo la dejo que someta mis recuerdos
al gobierno autoritario del azar.
Veo el agua de una inmensa catarata
acercarse hasta el augusto Coliseo, 
y parece que el solemne Corcovado
le comenta, frente al mar, a la sirena
que el Empire State Building
tiene celos del sonido del Big Ben
Ella ignora los sucesos de la historia,
las señales, el porqué y su geografía,
pero sabe que le presto mi memoria
y que basta con mezclar su contenido
en la plancha vertical de la cocina
 para hacer que lo que ha sido, 
en el juego del recuerdo y el olvido
sentido, poco a poco, al nuevo ser.
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