El deseo de volver

 La sangre en su mundo ciego, 
 es pura esencia vital y avanza sin confusión, 
 subiendo o bajando en el cuerpo por ríos de oscuros deltas 
 y obedeciendo al impulso de un viejo y carnoso timbal 
 que late con insistencia tras de la reja de hueso 
 de su cárcel permanente bajo el pecho... 
 En este medio caliente, el líquido bullicioso se muestra orgulloso y seguro 
 pues todos sus elementos encajan en la obra interna 
 que construye a cada instante el ser viviente... 
 Sin embargo, cuando emerge por la herida y se enfrenta con la luz, 
 la sangre se rompe en mil gotas, exhibe su forma de globo y grita su rojo chillón: 
 "Sin el calor de mi casa, sin el camino encarnado de las arterias y venas, 
 sin el compás uniforme que el corazón planifica, ya nada merece la pena" 
 parece decir, mientras salta, sometida a la cruel montaña rusa 
 que es el aire transparente y asediada por el frío y el terror... 
 Las gotas, cabezas sin ojos, no entienden la fuerza del suelo 
 ni las leyes del estado en donde ingresan, 
 por eso, al pasar por la aduana intentan gritar su miedo, 
 arrastrando su pesar por la frontera 
 y diciéndole a cualquiera que contemple la sangría: 
 "Me espanta la máscara esfera que toma forma en mi ser 
 y daría lo que fuera por volver".