Un final feliz

Hoy y he visto una vez más la última escena de "luces de la ciudad". La ponían en TCM. Me he topado con ella al zapear y no he podido resistirme. Decir que me encanta es decir poco. Me emociona. Veo al Charlot-mendigo, que viene de la cárcel y que acaba de ser humillado por los chicos de la calle, justo en el momento en que se encuentra con su amada, la bella y rubia cieguecita que ahora está tras el limpio cristal del escaparate de una floristería en el centro de la ciudad. En ese momento el joven mendigo siente que su corazón está punto de estallar. Ella está preciosa y no puede reconocerle aún, porque esa era la primera vez que podía verlo. Sin embargo a la chica algo le llama la atención en la expresión del rostro del muchacho que le impulsa a salir afuera para darle una limosna y una flor que sustituya a la que él ha destrozado entre sus dedos, presa del nerviosismo, al descubrirla en la tienda. Ella intenta convencerle de que coja sus presentes, mientras él hace por irse, pero ella le detiene y al tocar su mano, de pronto, su rostro se ilumina. Acaba de darse cuenta de que es él: El hombre que pagó para operarla de la vista y que luego desapareció sin dejar pistas de su oculto paradero. Entonces ella, que acaricia suavemente sus brazos para estar totalmente segura, pone los dedos de Charlot sobre su pecho y le entrega la llave de su amor. 
¿Será verdad lo que parece? ¿Será verdad que ella lo ama, aunque sepa, finalmente, que él es tan sólo un mendigo, un joven sin oficio y sin futuro? A mi se me llenan siempre los ojos de lágrimas y recuerdo la primera vez que la vi, en aquel cine de barrio, o las veces que la he visto solo en casa. Entiendo que en mi alma de viejo hay algo roto y que por eso sigo llorando como un tonto cada vez que vuelvo a verla. Lo entiendo y lo valoro, pero no hay por qué exagerar la nota. No estoy loco y no es necesario destacar lo evidente. Sé muy bien que lo que pasa en la pantalla es tan sólo una ficción. Sin embargo también sé que mis lágrimas provienen más de los méritos de los que hicieron la película que del carácter enfermizo de mi sensibilidad. Es más, creo que no costaría mucho demostrarlo. Sería muy fácil. Bastaría que tú misma te dejases llevar por la historia que se cuenta y que al final te fijases en los rostros de los dos enamorados, mientras se oye la violetera. Si en el curso de la escena te emocionas como yo, es que tengo la razón. Si sucede lo que digo, hazme caso. Dame un beso delicado y cariñoso. Te lo pido de verdad: Acuérdate. Con el tiempo las verdades pierden fuerza, Es preciso dar el paso en el momento. No te olvides, por favor.