Pascal contempla un copo de nieve


Una
blanca
cruz
de hielo
que luce pequeñas
cruces
que nacen
sobre sus brazos,
con cruces
aún más pequeñas de las que surgen más cruces
de escala muy reducida.
Su cabeza es una cruz y sus manos y sus pies son cruces con dedos blancos, también en forma de cruz.
De todas y cada una salen otras más pequeñas que invisibles van menguando su tamaño
a medida que las ínfimas
partículas que florecen en su capas más externas
penetran como corsarios
en el
reino de lo oscuro
y se enfrentan
sin más armas que su frio
con la
íntima frontera
de la nada.