Mamá

El día del apagón, el mundo se quedó parado de repente. La pantalla de la Play y las farolas se apagaron. La gente salió de las calles y los coches se detuvieron. No había luz en las ventanas ni los pájaros cantaban en sus ramas. Daba miedo aquel silencio y la negra oscuridad bajo la luna:
-Mamá, ¿dónde estás?
Mis palabras resonaron entre las cuatro paredes de mi casa pero ella no contestó. Me puse de pie, sali al pasillo y a tientas lo recorrí hasta que llegué a la cocina. La puerta estaba cerrada.
-Mamá, ¿me escuchas? 
No hubo ninguna respuesta; así que giré el picaporte y entré a buscarla. En el blanco santuario de azulejos en donde ella oficiaba a diario, su cuerpo yacía en el suelo como un gran muñeco inerte:
-Mamá -le grité- despierta.
Y entonces volvió la luz y todo se puso en marcha.